Espacio de Apertura #1 – Eliot y Conrad, desde el corazón de las tinieblas

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Eliot y Conrad, desde el corazón de las tinieblas

Presento un breve ensayo que correlaciona elementos de contenido puntuales entre el famoso gran poema Los hombres huecos de T. S. Eliot (USA, 1888- Inglaterra, 1965), uno de los autores más influyentes en la poesía moderna, y la pequeña obra maestra narrativa El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad (Polonia, 1875 – Inglaterra,1924), escritor muy leído y que sigue siendo referencia obligatoria en la novelística moderna.

Puedes ir a una biografía de Conrad y descargar su breve novela, así como a una biografía de Eliot y a su poema.

Entre tinieblas – Fotografía de Anela Gerqvist Fuente

        Eliot recupera y actualiza a Conrad, como si este fuera el depositario de una imagen primordial y desencadenante. Los hombres huecos (1925) deja traslucir en su fondo la fuerza fascinante de El corazón de las tinieblas, novela escrita por Conrad aproximadamente 26 años antes del crispante poema de Eliot. Esta presencia de Conrad no resulta extraña al conocer cómo la transtextualidad atraviesa centralmente la poética del autor de La tierra baldía.
        El corazón de las tinieblas (1) resuena como un eco en las cavidades del texto eloitiano. El alma que respira entre la espesura novelada fluye como murmullo de río inmóvil por los entresijos de Los hombres huecos.
        Adusto y lacónico como el epitafio de un condenado, un epígrafe tomado de la novela inaugura el desconcierto, esencia del poema. Cuatro palabras y un tono («áspero desdén», ECT) inscriben el inicio y abren una referencia que actúa como contraste sutil a lo largo del poema: «Mistah Kurtz – he dead» («Miste Kurtz, ta’ muerto»). La voz del muchacho negó anunciando la muerte del señor Kurtz, jirón ficcional perdido en la selva ficcional de Conrad, concentra y despliega, hueco e insondable, la «verdad entrevista» (ECT) del poema.
        No estamos solo ante un «paratexto» (2); no se trata simplemente de un decorativo frontón que anuncia la obra; esta inscripción sacude como una marca enigmática en la frente, señal que graba silenciosamente todo el cuerpo del texto poético. Nos revela así su oculto rostro intratextual.
        ¿Qué nos vislumbra este umbral? ¿A dónde nos conduce este indiferente balbuceo, este desafecto testimonio? ¿El borde de qué extrañeza hemos tocado?

Joseph Conrad Fuente / T. S. Eliot Fuente

        Como Eliot, nos adentramos en la novela. Escuchamos la voz temblorosa de Kurtz: «Yazgo aquí, en la oscuridad, esperando la muerte» (ECT). La muerte, fin de esa «violenta alma perdida» (HH) que es Kurtz, constituye también el punto de arribo a «ese inapreciable momento del tiempo en que traspasamos el umbral de lo invisible» (ECT). Semejante al paso a «la otra orilla», es el momento supremo de total conocimiento» (ECT), la revelación de una verdad abominable. Por ello para Kurtz la muerte se expresa como una afirmación, una terrible victoria, un grito:

Gritó en susurros a alguna imagen, a alguna visión; gritó dos vecs, un grito no más fuerte que una exhalación: «¡El horror! ¡El horror!» (ECT). (3)

        Esta significación de la muerte y del sendero de descenso a la oscura verdad del alma que la ha precedido, de la cual Kurtz es su símbolo desolador, solo está insinuada en Los hombres huecos, destaca a contraluz de su opuesta (He allí la función de la marca que preside el comienzo). Se contrapone a ese otro sentido de la muerte que colma la anatomía del poema. La muerte como el hundimiento en la indiferencia, la parálisis, la nulidad, la vida baldía.
        Los hombres huecos nos hablan desde la anulación, desde el miedo a enfrentar las tinieblas de una verdad desgarradora, que los recorre y «apaga» el mundo. El miedo a lo Otro rellena a los hombres huecos, los paraliza en la mismidad del horror.
        Kurtz ha entrevisto el horror, lo ha experimentado «en todos los corazones que laten en la oscuridad» (ECT). Experiencia del abismo. Ha llevado su reto hasta el aniquilamiento para alcanzar su más alto grado de lucidez en la muerte. Los hombres huecos, contrariamente, son una excrecencia del horror, viven en su disfraz («pelaje de rata», HH), enceguecidos en su propia inercia mortecina.

Escultura del alma vacía – Albert Gyorgy (Ginebra) Fuente

        Por eso Kurtz, arquetipo viviente en la ficción, como el viejo Guy Fawkes (4), viviente en la historia, está entre «Aquellos que han cruzado / fija la mirada, al otro Reino de la muerte» (HH). Y frente a ellos se erige el desdén, triste gesto hueco: «Un penique para el viejo Guy Fawkes», dice el otro epígrafe de Los hombres huecos.
        Los hombres hueco habitan en el interregno donde «cae la Sombra» (HH), ese reino de la muerte de todos los días, reseco y sin movimiento. La muerte es aquí también fin del mundo, solo que este termina con un quejido, no con un grito.

***

(1) Las citas de El corazón de las tinieblas son tomadas de la edición de Alianza Editorial de 1980 con traducción de Araceli García Ríos; la de Los hombres huecos de Poesía reunida 1909-1962 de T. S. Eliot en la edición de Alianza Tres de 1979, con traducción de José María Valverde. La citas son identificadas con las abreviaturas ECT y HH, respectivamente.

(2) En la teoría de la transtextualidad de Gérard Genette, bajo la categoría de «paratexto» se imcluyen los títulos, subtítulos, notas, epígrafes, etc., que nutren el entorno del texto y constituyen un primer comentario.

(3) El filme Apocalypse Now de Francis Ford Coppola es una versión libre de El corazón de las tinieblas. Se recordará que el personaje central, el coronel Kurtz, oficial del ejército norteamericano sublevado contra este, oculto en la selva de Vietnam durante la guerra, es asesinado por otro oficial enviado en misión especial. Ya moribundo, suelta también esta exclamación.

(4) Conspirador contra la monarquía inglesa en el siglo XVII. Al ser delatado, es condenado a la horca.

***

Por: @josemalavem

un espacio para el arte, la cultura y el mundo artístico; para abordarlo desde un punto de vista reflexivo, informativo y de opinión, no necesariamente académico; planteando así un aporte donde la meta sea despertar y alimentar la reflexión y aprendizaje de los lectores.

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