Espacio de Apertura – Escrito y sellado: trascendencia dramatúrgica de Isaac Chocrón (Parte I)

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Escrito y sellado: trascendencia dramatúrgica de Isaac Chocrón (Parte I)

La tarea de la investigación me condujo hace unos años a realizar un trabajo analítico e interpretativo de uno de los más importantes dramaturgos venezolanos del siglo XX, Isaac Chocrón. Me centro en este post en su obra Escrito y sellado. He querido compartir este texto con ustedes, apreciados lectores de Steemit.

Isaac Chocrón (Foto: Fernando Bracho) Fuente

(…) comenzamos a fijar prioridades, a seleccionar, a despojarnos
de todo lo superfluo que nos reste tiempo de todo lo esencial.
Poco nos interesa, pero ese poco ahora nos interesa
verdaderamente. Quien asuma todas estas responsabilidades
alcanzará la necesaria y refinada simplicidad (…)

Isaac Chocrón

UNA MIRADA INICIAL

La obra teatral Escrito y sellado (1993) de Isaac Chocrón (1930-2011) entraña, desde mi apreciación, un hito de la madurez dramatúrgica de este importante escritor venezolano. Percibo este texto de Chocrón como un vértice, un punto de llegada en el que se expresa el acrisolamiento de su producción teatral; se advierte una rasgadura espiritual manifestada en esencialidad de forma y profundidad de contenido como decantación de un trayecto. Y en tal experiencia se identifica la lograda trascendencia de su teatro.

Esta expresión alcanzada en Escrito y sellado puede preverse en el recorrido cumplido por la obra dramática de Chocrón. Así parecen indicarlo ciertos señalamientos formulados por la crítica al hacer un balance de lo producido por el autor hasta la década de los 70. Rubén Monasterios ha apreciado una “flexibilización de la forma con el consecuente aumento de las posibilidades expresivas”. Susana Castillo, por su parte, ha dado cuenta de un proceso experimental “que desemboca en síntesis expresiva”, resaltando el carácter ágil, cortante y directo de su lenguaje. Tales rasgos siguen manifestándose en Escrito y sellado, especialmente en la simplicidad de los recursos formales que la caracterizan y en el uso de un diálogo preciso y eficaz. También ha observado Castillo la presencia central de dos aspectos de contenido: la tristeza y la soledad de sus personajes. Sin embargo, Monasterios ha anotado una cierta ampliación en el tratamiento de lo social, que daría la incorporación de una inquietud hacia lo colectivo, hacia “la comunidad”; tal vez es este un modo de concretarse esa “reflexión densa y original sobre el ser y el destino del hombre”, que reconoce Monasterios como un elemento fundamental de la dramaturgia de Chocrón. Puede decirse que lo individual y lo colectivo coexisten tensamente en la obra en cuestión: la soledad y tristeza del individuo se transforman por la solidaridad y la gracia que ofrece la amistad, la convivencia con la “familia escogida”, como le gustaba decir a Chocrón.

Algunos de sus libros de teatro (Composición propia)
Escrito y sellado constituye, pues, un importante momento en el desarrollo dramatúrgico de este autor del teatro venezolano. Los rasgos que han caracterizado su búsqueda formal y su preocupación temática alcanzan aquí una dimensión particular. La configuración del espacio escenográfico y la utilización de los signos no-verbales; la asunción de la temporalidad; el tratamiento de los personajes, sus inquietudes individuales y las relaciones que se construyen entre ellos; los conflictos que cobran vida en su interior; el espesor del texto dramático: son estos los principales elementos en los que se conjuga y expresa el estadio de madurez que define a esta obra y que la hacen portadora de una aspiración trascendente.

LA OBRA Y SUS COMPONENTES

Antes de entrar a considerar el tratamiento concreto del texto, será conveniente exponer la síntesis argumental de la obra: Saúl, profesor universitario de teatro, ha viajado, en su año sabático, a Albuquerque (ciudad del sur de los Estados Unidos), invitado por la universidad de esa ciudad. El motivo verdadero del viaje es pasar su duelo por la muerte, a causa del SIDA, de un entrañable amigo, Luis, quien era fotógrafo. En esa ciudad se reencuentra con un viejo amigo, Miguel, quien fue actor y ahora es sacerdote católico, y que también está enfermo de SIDA. En la interacción con Miguel, con las intervenciones de Luis, presente a través del recuerdo y el afecto, de Carmen, la doméstica que viajó con el profesor, y de Nancy, su ayudante, se produce una transformación en Saúl: el encuentro consigo mismo y con la fe.

Como otras obras anteriores de Chocrón, Escrito y sellado está dividida en dos partes, y estas, a su vez, en escenas, ocho en total. La división en escenas parece relacionarse con una estructura interna de carácter temporal y una consecuente función semántica; quizás responda al carácter condensado y continuo de la acción dramática, fundamentada en el encuentro y diálogo permanente de los personajes, aspecto que definirá a la obra desde su primer momento.

Fuente

Las ocho escenas estarán marcadas en sus comienzos por la música: el segundo movimiento (Adagio cantabile) de la Sonata Nº 8 (“Patética”) de Beethoven (puede escucharlo en este enlace). Se produce una correspondencia entre la estructura externa de la obra, la subdivisión y distribución del movimiento seleccionado de la sonata, y la atmósfera y el tono de lo que acontece. El adagio se caracteriza por ser un movimiento musical lento, sereno y recogido; además, en este caso, está inscrito dentro de una composición que ya por su denominación, la “Patética”, reafirma el sentido de conmoción emotiva expresado por el fragmento musical. La exterioridad estructural es ocupada y sustancializada por la cadencia rítmica y subjetiva de la música, dejando al descubierto una interioridad en proceso, la que viven los personajes de la obra.

La especificidad del espacio escenográfico como un lugar cerrado e interior (el apartamento de Saúl), contrasta con el espacio de afuera, solo aludido en el diálogo dramático: el espacio abierto del desierto de Albuquerque. Además, es un espacio único, repetido, en el cual se concentrará el encuentro de los personajes; en esto puede verse otro contraste significativo: la unicidad del espacio físico en contraposición con la mutabilidad interior de los personajes. Este rasgo significativo se refuerza por la parquedad del decorado, los accesorios y la iluminación, significantes de gran relevancia para la atmósfera y visión de Escrito y sellado.

Un ciclorama blanco, una mesa redonda, cuatro sillas y dos tumbonas de terraza conforman la escenografía. Tales elementos contribuyen a la figuración de ese ambiente simple y esencial que se ha apuntado. Los accesorios compondrán y recompondrán un espacio habitado por una cierta redundancia, unos vacíos donde emerge y actúa el afecto y el despojamiento interior. A lo que se unirán sustantivamente los colores –“negro, gris y blanco como en las fotografías en blanco y negro”, se acota–, que iconizan y simbolizan el contenido central de la obra, comunicando la concepción estética predominante, representada en la fotografía.

Fotografía de Luis Salmerón, de la edición original de la obra en 1993,
editada por el Centro Cultural Consolidado.

Continúa…

Gracias por su lectura. Los espero en la próxima entrega.

Escrito por @josemalavem

 


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1 respuesta

  1. Gracias a @CELFeditorial por la publicación y promoción de mi trabajo, y a los que tengan la disposición a leerlo. Isaac Chocrón es uno de los pilares de la literatura venezolana del siglo XX. Saludos.

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