Rostros – Francisco Pérez Perdomo y la literatura sobrenatural

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La poesía del hombre, individualmente hablando, revela mundos desconocidos e inciertos. Intrínsecos en cada una de las mentes que tienen la capacidad de imaginar. Los sentimientos son deidades que imperan sobre reinos suntuosos que rigen con romanticismo, muerte, magia, orgullo, tragedia, alegría y esoterismo. En este artículo reseñaremos la vida y el trabajo de un rey que fue comandado por una deidad de naturaleza ocultista. Éste hombre nos enseñó a través de magistrales letras poéticas mundos cabalísticos, episodios de sortilegios, lugares vistos a través de una ventana tangible y umbrales profanos. Un hombre que, luchando contra esos seres incólumes de la noche, nos trajo una mitología tanto fantástica como intrigante.

Francisco Pérez Perdomo fue un poeta de lo nocturno y lo onírico. Nacido en el año 1930 en Sabana Libre, estado Trujillo, Venezuela. Anteriormente hubo una equivocación sobre su lugar de nacimiento y se dijo que había nacido en Boconó, pero el propio Pérez Perdomo aclaró en una entrevista en 1985 esta confusión, ya que, a los días de haber nacido, su familia se trasladó a Boconó, y vivió allí toda su niñez y parte de su adolescencia. Hijo número cuatro de ocho. Admirador de las bellas artes desde muy joven especialmente de la ópera.

Al terminar el 4to año de bachillerato se mudó a la ciudad de Caracas, puesto que, en aquella época, los liceos del interior del país solo daban clases hasta ese año, y para terminar la preparatoria, tenían que proceder en la capital. De esta manera, Perdomo ingresa en el prestigioso liceo “Andrés Bello”, allí conoció a sus amigos y colegas Adriano González León, Guillermo Sucre, Salvador Garmendia, Luis García Morales y Elisa Lerner; con quienes fundaría los proyectos Sardio y El Techo de la Ballena, grupos literarios donde Perdomo y sus compañeros publicaban sus obras para ser distribuidas.

Después de terminar el bachillerato, el futuro poeta ingresa a la Universidad Central de Venezuela, en donde estudió dos carreras y a la vez, trabajó como funcionario en el Ministerio de Justicia. Luego de un tiempo, abandonó la carrera de Letras ya que no podía sostener sus estudios y el empleo. En 1957 se gradúa de abogado, título que ejerció por diez años, pero los conflictos que consigo trajo la vocación hicieron que abandonara el Derecho.

Antes de hablar de sus poemarios, deseo recalcar sus influencias literarias. No era extraño para mí saber que uno de sus mayores maestros, el cual solo conoció y aprendió de él a través de sus letras, era nada más y nada menos que el cumanense José Antonio Ramos Sucre, considerado un “escritor raro” por su literatura incatalogable y de riguroso estudio. Pérez Perdomo emplea esta influencia mostrándonos una poesía prosaica bañada de metáforas surrealistas, que a su vez, utiliza al “Yo” como única entidad subjetiva presente ante todo suceso y sentimiento flotante.

Su primer poemario Fantasmas y enfermedades (1961), es un ejemplo claro y el comienzo de su mitología fantasmagórica. Fue publicado bajo el sello de Sardio y en él, podemos disfrutar de diferentes historias sobre fantasmas, espectros que transgreden los sueños convirtiéndolos en pesadillas. Sus obras contiguas Venenos fieles (1963) y Depravación de los Astros (1966) continúan con este tema de trasfondo, aderezándolos con humor negro y temas cotidianos del hombre. Otra de las cosas que también ha influenciado poderosamente a Pérez Perdomo es su niñez en Boconó, una ciudad situada en una región llena de historias de fantasmas, brujas, aparecidos y sucesos inexplicables de lo sobrenatural. Sus versos denotan con fluidez la presencia de estos relatos.

El hombre miraba la inmensidad. │ De aquellas ruinas crepusculares │ salían unos alaridos │ extraños y ululantes. │Como rayos grises entre el polvo │ se arrastraban los lagartos.

Del poema. Desde el fondo del caos lo llamaban

En sus obras siempre encontraremos este tipo de historias, contadas por un personaje narrador contemplando un acontecimiento sorprendente y sobrenatural, o simplemente relatando algún suceso común que alberga gracia. En 1966, el escritor de lo lúgubre obtuvo el Premio de la Bienal José Rafael Pocaterra por su poemario Depravación de los Astros. Sus primeros poemarios fueron los precursores de toda la poesía que Pérez Perdomo crearía en aquel entonces en adelante, los que impartirían fundamentalmente la estética de aquel país que él quería revelarnos, haciéndola onírica, fantástica, llena de rituales cabalísticos, dioses nocturnos, espectros, etcétera. Para éste enigmático poeta la lucha con sus espíritus no terminó jamás, y los llevó siempre consigo hasta el final de sus treinta años de carrera literaria.

Dentro de lo perceptible se encuentra una voz que atestigua cosas inexplicables, una voz que siente y que a veces se quiebra. Una voz que busca y está al tanto de todo aquello que lo asombra, contemplándolo bajo los límites de su comprensión. Viendo lo intangible desde una ventana describiendo todo lo que sucede. Así son los personajes de Pérez Perdomo, el mismo poeta viviendo tales situaciones. Aquél que empíricamente vivió con lo desconocido y trata de estructurarlo magistralmente, con todo el sosiego que dirigió sus plumas.

Yo reclinaba la cabeza, │miraba al suelo, │profundo, y otra vez más │desde abajo era arrebatado │ por las bruscas tinieblas.

Del poema. Por las bruscas tinieblas

Y con este fragmento citado de uno de los poemas del autor, honramos su deceso, el cual fue un domingo del 26 de mayo del 2013 en la ciudad de Caracas. Siete años ya de su desaparición física. Francisco Pérez Perdomo nos dejó con letras mágicas una manera de hacer poesía, transportando con delicioso delirio a las mentes más hambrientas de curiosidad, devoradoras de la belleza. Su legado es una inspiración para autores que transforman la metáfora en arte, pupilos que buscan a maestros como él.

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