Espacio de Apertura – Escrito y sellado: trascendencia dramatúrgica de Isaac Chocrón (y II)

espacio_de_apertura_237.jpg
Isaac Chocrón Fuente

Continuación del post

*****

Efectivamente, la fotografía tendrá en la obra teatral de Chocrón una capital importancia, al igual que la iluminación, la cual actuará para demarcar las escenas, ciertos tránsitos temporales y narrativos, y, además, semantizará estéticamente la acción dramática. Así, por ejemplo, cada escena cerrará con un fundido en negro, cumpliendo una función sintáctica y semántica, como en el montaje cinematográfico. Las escenas salen del negro como si se revelarán fotográficamente, o, a veces, parecen “congelarse” como en una fotografía. Se podría, incluso, postular una relación entre el carácter único y cerrado del espacio escenográfico y la fotografía, en tanto espacio homogéneo, “congelado”, encuadrado.

Este carácter protagónico de la fotografía está plenamente justificado en la obra: la presencia del fotógrafo, Luis, personaje que desencadena la búsqueda existencial de Saúl, y que ha de impregnar toda la historia y el discurso. Así se justifica también, como elemento paratextual y extratextual, la dedicatoria de la obra a la memoria de Luis Salmerón, quien fuera un reconocido fotógrafo venezolano, fallecido de SIDA en 1991, persona con la cual Chocrón mantuvo una relación afectiva muy estrecha. Esta referencia expone el carácter autobiográfico que posee la obra.

Igualmente, la fotografía tiene incidencia en otra unidad dramática: el tiempo. La acción dramática ocurre en el presente en la medida en que es presente de la palabra, del diálogo, por los cuales se accede a la historia. En Escrito y sellado se presentará la historia de Saúl, que ocurrirá en un tiempo mayoritariamente presente, el de la estadía en Albuquerque y el encuentro con Miguel. El tiempo de la historia (el de los acontecimientos) será más amplio que el del discurso (el usado para contar aquel), pero este, a través de las elipsis, reducirá a aquel, o lo retrasará por medio de las retrospectivas, que serán recuerdos básicamente de Saúl. La historia será demarcada por un período temporal real, el comprendido entre las estaciones de invierno y primavera. La primera parte de la obra corresponde al invierno; la segunda, a la primavera. Saúl llega a Albuquerque en invierno, y sale de esa ciudad para regresar a Caracas, en primavera. Este lapso estacional, además de ser una precisa referencia temporal, comporta, a su vez, un sentido metafórico del proceso de muerte y renacer que vivirá particularmente Saúl; pero también los otros personajes experimentarán el cambio personal interior simbolizado por la primavera. Esta modificación espiritual es advertida por Carmen, al inicio de la segunda parte, en la escena 5: “Ahora, viendo día a día la primavera, tengo la certeza de que hay un Dios. ¡Lástima que Luisín no la pudo ver!…”.

Fotografía de Luis Salmerón, de la edición original de la obra en 1993,
editada por el Centro Cultural Consolidado.
Se puede decir que se produce una interacción de tiempos: el presente requiere del pasado; este es llamado por y desde el presente, al cual ilumina; el presente está condicionado por el pasado, es decir, se trata de resolver un problema presente teniendo en cuenta al pasado. El pasado tiene su entrada en el discurso por la intervención de Luis, quien está muerto, y la muerte es atemporal: “Lo que sucede es que yo estoy en tu casa de Caracas, trabajando. Mucho antes que ahora, por supuesto. Colapso de tiempos. Ventaja de la muerte”, le dice Luis a Saúl. El personaje actúa en el tiempo presente de la historia por la fuerza del recuerdo y el afecto, pero también como una presencia fantasmática justificada por la muerte. La condición de eternidad, de permanencia en el tiempo, de fijeza, que es la muerte, resulta analogada con la fotografía. En uno de sus diálogos se puede leer:

Saúl: (…) Esa es la maravilla de una foto. Está ahí: fija para siempre.
Nancy: Como si el tiempo no pasara.
Saúl: Las fotos son iguales a la muerte: congelan el tiempo para siempre.
Luis: Tristeza no, Saulito, por favor.
Saúl: No lo digo con tristeza. Se me acaba de ocurrir que toda foto siempre será igual…

El ritmo de la temporalidad interna de la obra, es decir, su duración, parece marcado por un tempo lento, el que hace a la vivencia; y ello puede ser una forma privilegiada de la correspondencia con la música que rige el texto espectacular: la fuerza del adagio cantábile (ver post anterior, donde se colocó el enlace para escuchar la pieza musical indicada).

 

Como se puede deducir de lo expuesto hasta ahora, la historia de Escrito y sellado tiene en Saúl su personaje cardinal; en él se desarrollará el conflicto central del drama. Pero a su alrededor se nuclearán otros personajes que, desde distintas experiencias y visiones, incluso en aparente oposición a aquel, coadyuvarán al cumplimiento de la transformación de Saúl y de sí mismos, o a su propia reafirmación.

Saúl está marcado por la reciente muerte de Luis, amigo íntimo con quien conservaba una relación de maestro-alumno y que formaba parte de su “familia elegida”. Es de origen judío, pero su actitud es la de la incredulidad y la incertidumbre. Su verbo y psicología se alimentan de una ironía y un humor cáustico, que lo harán comportarse en una forma dura y muchas veces torpe. Su viaje a Albuquerque, para escapar del dolor provocado por la desaparición física de Luis, lo enfrentará a sus temores y a su desconocimiento. El encuentro con su viejo amigo Miguel, ahora cura católico, desencadenará en su interior el conflicto de su vida, el dilema incredulidad-fe.

Imagen del afiche del montaje reciente de la obra Fuente
Luis vuelve y se incorpora a la vida de todos por el vigor del afecto y la añoranza. Con su vitalidad y frescura, aguijoneará la conducta y las relaciones del grupo. Será el principal catalizador de los cambios que se produzcan. Su arte, la fotografía, propiciará la reflexión sobre el sentido de la vida y la muerte, sobre la finalidad del arte mismo.

En compañía de Miguel y bajo su inconfesada orientación, Saúl asumirá su viaje como un retiro y una búsqueda. Reconocerá la necesidad de su sacrificio y muerte para nacer a su nueva vida. Como a Saulo, incrédulo y perseguidor, se le reveló Dios y así se convirtió en Pablo, a Saúl, en esta confrontación con el recuerdo, la amistad y la convivencia con el misterio del lugar, se le revelará el sentido de la fe, de Dios, al encontrarse a sí mismo. Saúl rescatará el significado del pacto judío de fe en la amistad y la vida: “Escrito y sellado”. Se reconciliará con la alegría y la comunidad, y emprenderá el viaje de retorno como el héroe mítico.

En síntesis, el conflicto central de Escrito y sellado será el de la tensión incredulidad-fe, pero en torno a este, haciendo juego con él, se evidenciarán otros asuntos problemáticos: el temor a la enfermedad y a la muerte, el sentido de la vida, la relación maestro-alumno, la relación amor-amistad, la razón del arte, la relación teatro-vida, entre los más destacados.

LA TRASCENDENCIA POR EL ARTE

Foto del más reciente montaje de la obra Fuente
En el final de la última escena se halla lo que puede ser la gran conclusión de esta obra: la razón del arte. En esta escena, en el parlamento en el que Saúl declara su admiración por la fuerza y energía del lugar, exclama: “Todo aquí se ve eterno. Es eterno.”, y resalta la condición de hechura divina de tal obra de la naturaleza. En el diálogo de la misma escena se lee:

 

Luis: (…) ¿Sabes cuál podría ser mi vida eterna? Ser un personaje. No una persona que se muere sino un personaje como los del teatro. Quisiera ser un personaje, que siempre vivirá porque ha sido contado.
Miguel: Luis es un personaje. Igual quisiera ser yo.
Saúl: Ya lo eres. Afortunados todos los que lleguemos a ser personajes.

 

Luis y Miguel, personajes de la obra Escrito y sellado, desean ser personajes para convertirse en eternos, y ya lo son. Su existencia es la de personajes creados para la perdurabilidad en una obra artística. Han pasado de la vida pasajera a la que traspasa el tiempo: están ahí para siempre, por la mano de ese pequeño demiurgo que es el artista.

En un juego autorreflexivo y metaficcional, el teatro se mira a sí mismo y devela su rostro de hechura artística. Se concibe y propugna como una forma de trascendencia de la vida, un modo de hacerse para la permanencia, al igual que la fotografía.

Aquí el carácter autobiográfico de la obra alcanza su más elevada expresión. Isaac Chocrón, dramaturgo, creador de esta obra, asume la voz de Saúl para reconocerse en su arte y en su propia creación. La vida afectada por el dolor de la muerte del amigo, la muerte misma, incluso la dura labor de profesor y escritor, es trascendida en el teatro. Isaac-Saúl también se desea personaje, y ya lo es.

Referencia bibliográfica

Chocrón, I. (1993). Escrito y sellado. Caracas: Ex Libris.

Escrito por @josemalavem

 


Posted from my blog with SteemPress : http://celfmagazine.ml/2019/07/21/espacio-de-apertura-2-escrito-y-sellado-trascendencia-dramaturgica-de-isaac-chocron-y-ii/


 

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *