Rostros – Caminos de muerte, decepción y suicidio decorados con poesía femenina.

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La vida con sus circunstancias y las personas que nos rodean, logran definir muchos de nuestros hábitos, gustos, carácter y respuestas. Es imposible pensar que los sucesos del contexto no repercuten en nuestra alma, pudiendo ser de manera negativa o positiva. Y en la vida temprana de la entonces, pequeña Sylvia Plath, con un padre ejemplar y una madre dedicada a su hogar se desarrollaba en la niña una cualidad perfeccionista, a muy temprana edad había demostrado un talento para la escritura, tocaba piano, lograba notas excelentes en sus estudios; nada más podrían pedir su padre y madre.

Sin embargo, su padre desaparece físicamente de su lado en el tierno retoño de la infancia. Siendo diagnosticado con Diabetes y rehusándose a tratarla, le es amputada al poco tiempo una de sus piernas y posteriormente, como complicación de su condición sufre una embolia pulmonar y muere el 5 de octubre de 1940. Triste y lamentada, la pequeña niña observa a su madre, quien ni una sola lagrima derrama por la muerte del padre, hecho que fue de peso en los siguientes años de vida.

Sylvia y su madre, intentaban seguir sus vidas. La niña ya con tan solo 8 años de edad había publicado su primer poema, escribía versos y cuentos que publicaba en diferentes diarios pequeños de su pueblo. Mientras, la madre solo se ocupaba de seguir siendo una «viuda» perfecta y con acciones requeridas de la sociedad; esto ultimo lo sentía y veía Sylvia como algo aprisionante, mecánico, por ello desarrolla aires feministas y liberadores.

Una muestra de su repulsión a la condición femenina impuesta por la sociedad, sale a brote en muchos de sus escritos posteriores, la más renombrada frase entre ellas es << Mi gran tragedia es haber nacido mujer >>; allí desvela de manera directa y sencilla la pelea interna y externa que desembarca en su ser.

Los años pasan y continua su educación, pero aun con dolores y tristezas retenidas decide optar por el suicidio, fallando en el mismo y posteriormente llevada a un centro de recuperación. De este momento de su vida surge uno de sus libros, titulado
«La campana de cristal» (The Bell Jar).


Fragmento tomado de «La Campana de Cristal»

Vi que mi vida se ramificaba ante mí, como la verde higuera del cuento. De la punta de cada rama, como un enorme higo morado, un maravilloso futuro me hacía señas y me guiñaba el ojo. Un higo era un marido, un hogar feliz e hijos; otro, era una famosa poeta; y otro higo era una profesora brillante; y otro higo era E Ge, la sorprendente directora literaria; otro higo era Europa, África y Sudamérica; otro higo era Constantin y Sócrates y Atila y un montón de amantes con raros nombres y raras profesiones; otro higo era una remera olímpica; y más allá, por encima de todos aquellos higos, había muchos más que no acababa de distinguir.

Me veía sentada en la bifurcación de aquella higuera, muerta de hambre, sólo porque no podía decidir qué higo escoger. Los quería todos y cada uno, pero elegir uno significaba perder el resto y, sentada allí, incapaz de escoger, los higos empezaban a arrugarse y a ennegrecer y, uno a uno, caían silenciosamente al suelo, a mis pies.


Es un pequeño párrafo que da una clara percepción de las opciones que Plath tenía, elegir una era rechazar el resto; y tampoco llevaba a lo que ella deseaba. Tener todo y nada a la vez, porque la indecisión iba acompañada de tiempo y esté simplemente estropeaba y aceleraba el envejecimiento de todas sus perspectivas. Cada camino la lleva a enfrentarse a una bifurcación indeseada; solo no quería elegir.

Posterior a la recuperación de las riendas de su vida, continua sus estudios y logra graduarse con honores y obteniendo una beca para asistir a la Universidad de Cambridge donde continua escribiendo y publicando;en este período conoce al que sería su esposo, Ted Hughes ( escritor y poeta).

Las circunstancias amorosas de Plath, van de la cima hasta la bajada inalcanzable de emociones, la infidelidad notable y un tanto descarada de parte de su esposo, la hunden en tristeza y decepción. Con vivir en carne propia la infidelidad, entre su esposo y una joven estudiante; deciden mudarse y establecerse en el Reino Unido, quizás con la vana esperanza de que todo estará mejor.

Encontrándose ya en su nuevo hogar, Plath se embaraza y al poco tiempo sufre un aborto; dando paso a múltiples poemas escritos que retratan su amarga experiencia; el trabajo que mejor expone esta etapa es «Tres mujeres». Aunado a ello, en este momento afloran muchas tensiones y heridas no curadas del pasado que parecían tomar más fuerzas.

Pero, al paso del tiempo, logra reponerse de las penas y hasta concebir exitosamente a sus dos hijos Frieda y Nicholas; pero a pesar de ello, su esposo no lograba mantener una relación estable y continúan las infidelidades, ahora con más transcendencia y con la poetisa Assia Wevill. Cada una de ellas, desgastaba más el frágil pensamiento de Sylvia.

Viendo esto y no pudiendo sobrellevarlo, decide alejarse de Hughes y regresar a Londres, a un antiguo piso en el que había vivido muchas experiencias; según ella, lo sentía como un buen presagio: iniciar desde cero. Pero, al poco tiempo toma una de las decisiones más delicadas de tomar, un nuevo suicidio que con pena, logra con éxito. El 11 de febrero de 1963, Sylvia lleva a los niños y los encierra en su habitación; ella retorna a la cocina donde asegura la puerta y se asfixia con gas introduciendo la cabeza en el horno, poniendo fin voluntario a su vida con tan solo 30 años de edad.

Lejos de ser ignorada por la comunidad literaria, Plath siempre tuvo buenas oportunidades de publicar sus obras y logró cierto éxito prolongado, incluso aún después de muerte. Fue una mujer independiente de manera profesional, esmerada por escribir y enamorar a todo público con sus historias destilantes de amor, decepción e imaginación. Sin embargo, muchas de estas no se dieron a conocer sino hasta luego de su muerte.

Uno de los detalles que parecen más que irónicos, es que sea su ex esposo el principal procurador de la publicación de los trabajos de Plath; además de que es quien seleccionó cada uno y excluye a conveniencia propia una gran cantidad de escritos donde Sylvia describe las penas amorosas que pasaba gracias a él.

La vida de Sylvia Plath con sus altos y bajos emocionales, sumando las malas experiencias, siempre fueron reflejadas de manera poética y explicita en sus obras; se desnudaba en cada una de ellas.

“Líbreme de cocinar tres veces al día, líbreme de la inexorable jaula de la rutina y la costumbre. Amo la libertad. Deploro las restricciones y las limitaciones. Yo soy yo. Yo soy poderosa. Creo que me gustaría llamarme ‘La chica que quería ser Dios”.
(Sylvia Plath, en un momento aguerrido)

Algunos de sus trabajos más notables:

  • La Campana de cristal.
  • Tres mujeres.
  • Carta a casa.
  • Reto escritoras únicas.
  • Diarios.
  • Johnny Panic y la Biblia de sueños.

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