Rostros – Lucía Berlin, una escritora que supo florecer de manera póstuma.

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Muchas veces se cree que las personas con la vida algo desordenada, no florecen de alguna forma. Sin embargo, Lucía Berlin nos demuestra lo contrario; fue una gran mujer que en medio del alcoholismo, entradas/salidas de los centros de rehabilitación y decepciones amorosas, se desarrolla como una sublime escritora de un genero llamado auto ficción y a la vez como una gran madre que tuvo múltiples y diferentes trabajos solo para mantener el bienestar de sus cuatro (4) hijos.

Berlin además de bella e inteligente, tuvo la capacidad de desarrollar múltiples relatos, cuentos y libros. Uno de ellos que resalta a nivel de excelencia y que en la actualidad figura como uno de los más vendidos en Estados Unidos y llevado a 14 traducciones, titulado «Manual para mujeres de la limpieza». Lo más singular de las hermosas composiciones y frases de Lucía, es que son en gran parte experiencias propias de las cuales supo perfectamente plasmar de manera atractiva en sus textos. Además, la mezcla de humor negro, melancolía y lucha, definen breve mente la actitud de los personajes creados, crudos y verdaderos dentro de la vida cotidiana, e allí la causa por la cual muchos lectores se han sentido identificados y enamorados.

Sus ojos azules, como sus composiciones pasaron desapercibidas e ignoradas durante el transcurrir de su vida, fue ya luego de su muerte que tomó fuerza y atención. Sin embargo, ese silencio no detuvo ni afectó la creatividad de Berlin en el transcurrir de su existencia palpable, debido a que se esmero en la publicación de más de 77 historias breves, publicadas en revistas locales. Los olores de la realidad que destilan sus historias envuelven a los lectores en situaciones desgarradoras, de miseria, de susceptibilidad y a la vez, inspiran a seguir dentro de la lucha del típico día a día; debido a que sus personajes son inspirados en la realidad, de oficios comunes y nada fantásticos.

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Citas de Lucía Berlin:

…Son preguntas inútiles. La única razón por la que he vivido tanto tiempo es porque fui soltando lastre del pasado. Cierro la puerta a la pena al pesar al remordimiento. Si permito que entren, aunque sea por una rendija de autocompasión, zas, la puerta se abrirá de golpe y una tempestad de dolor me desgarrará el corazón y cegará mis ojos de vergüenza rompiendo tazas y botellas derribando frascos rompiendo las ventanas tropezando sangrienta sobre azúcar derramado y vidrios rotos aterrorizada entre arcadas hasta que con un estremecimiento y sollozo final consiga cerrar la pesada puerta. Y recoja los pedazos una vez más.(Del libro «Manual para mujeres de la limpieza»)

…Antes de conocerlo se había sentido muy sola. Le conté que por las mañanas yo decía el nombre de Max incluso antes de abrir los ojos. Ella me dijo que su vida había sido como escuchar un disco horrible una y otra vez, cada día, y en un instante le habían dado vuelta al disco, y sonaba música. Max la oyó y me sonrió. Ves, amor, ahora estamos en la cara B. (Del cuento Hasta la vista)

…Los suspiros, el ritmo de nuestros latidos, las contracciones de parto, los orgasmos, acaban todos por acompasarse, igual que los relojes de péndulo colocados uno cerca del otro pronto sincronizan su vaivén. Las luciérnagas en un árbol se encienden y se apagan como una sola. El sol sale y se pone. La luna crece y mengua y el periódico suele caer en el porche a las seis y treinta y cinco de la mañana. El tiempo se detiene cuando alguien muere. Por supuesto se detiene para ellos, quizá, pero para los que sufren la pérdida el tiempo se desquicia. (Del cuento Espera un momento)

 


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