Recorrido – Visión profética, naturaleza e imaginación (El romanticismo inglés I)

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En la continuación de nuestro recorrido por los orígenes de la literatura moderna occidental, me referiré al Romanticismo inglés. Junto el alemán, tiene un carácter fundador del Romanticismo en general. Comparte bases comunes con el romanticismo alemán, pero posee rasgos propios que lo singularizan. Presentaré aquí los fundamentales, en una primera parte, a través de la muestra de textos completos o fragmentos de sus principales representantes.

William Blake, el visionario

William Blake, por Thomas Phillips (1807) Fuente

Cuando se consideran los inicios del romanticismo inglés es obligatorio referirse a la obra del escritor, pintor y grabadista William Blake (Londres, 1757-1827), si bien hay otros precursores como Edward Young, James Thomson y Thomas Gray. Pero Blake destaca especialmente por su separación del neoclasicismo que se impuso en el s. XVIII, al introducir el uso de un simbolismo peculiar, su visión onírica y fantástica, así como la recreación de imágenes de raigambre bíblica, mitológica y esotérica. Todo ello marcado por su actitud de crítica social y rebeldía individual; esto se expresaba en su simpatía (luego defraudada) por la revolución francesa, su inclinación hacia la igualdad racial y sexual, y a favor de la mujer. Fue autor de una obra poética y de pensamiento extensa que incluye títulos como Cantos de inocencia, Cantos de experiencia, Las bodas del cielo y el infierno, Visiones de las hijas de Albióny Jerusalem.
La obra poética y plástica de Blake se nutre de las visiones anticipatorias (proféticas) que experimentaba o creaba y que recogió en escritos y pinturas. Ve y habla a través de lo que denominaba la «voz del Vate» (del poeta – adivino, como se concebía); así leemos en Cantos de experiencia: «¡Escucha la voz del Vate / que Presente, Pasado y Futuro ve / y cuyos oídos han escuchado / la Santa Palabra / que vagaba entre los árboles venerables!». También en Cantos de inocencia: «Para el futuro / proféticamente veo / que la tierra del sueño / (grave y profunda sentencia) / se levantará en busca / de su manso hacedor; / y el desierto salvaje / se tornará en ameno jardín».

Elohim creando a Adán, de William Blake (1795) Fuente

En la compleja y críptica visión poética y espiritual de Blake, se aspira al «Hombre Universal», que es la manifestación de la «Perfecta Unidad»; de ahí su condena del «espantoso estado de Separación». Su visión es edénica. Lo humano y lo divino se integran: «Así los hombres olvidaron que todas las deidades residen en el pecho humano»; «Pues todo cuanto vive es sagrado». Su concepción es integral y abierta, tanto en lo sensorial como en lo psíquico: «Si las puertas de la percepción quedaran limpias, todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito», dice en Las bodas del cielo y el infierno. O de otro modo en Cantos de inocencia: «Para ver un mundo en un grano de arena / y un paraíso en una flor silvestre, / sostén el infinito en la palma de la mano / y la eternidad en una hora.»

Reproduzco un poema completo de Blake, uno de los más hermosos, impactantes y conocidos: «El tigre», incluido en Cantos de experiencia:
Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo idear tu terrible simetría?
¿En qué profundidades distantes,
en qué cielos ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?
¿Qué mano osó tomar ese fuego?
¿Y qué hombro, y qué arte
pudo tejer la nervadura de tu corazón?
Y al comenzar los latidos de tu corazón,
¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?

Dibujo de Blake Fuente

¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
¿En qué horno se templó tu cerebro?
¿En qué yunque? ¿Qué tremendas garras
osaron sus mortales terrores dominar?
Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y bañaron los cielos con sus lágrimas
¿sonrió al ver su obra?
¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?
Tigre, tigre, que te enciendes en luz,
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
osó enmarcar tu terrible simetría?

William Wordsworth: el poder de la emoción y la imaginación

Wordsworth en Helvellyn, por Benjamin Robert Haydon (1842) Fuente

William Wordsworth (1770-1850) y Samuel Taylor Coleridge son los implantadores del romanticismo en Inglaterra con su libro Baladas líricas, publicado anónimamente en 1798, considerado como el «manifiesto» del romanticismo inglés. Algunas citas del prólogo de Wordsworth en Baladas líricas:

La poesía es el principio y el fin de todo conocimiento; es tan inmortal como el corazón del hombre.

El poeta, al cantar una canción en la que todos los seres humanos lo acompañan, se regocija en la presencia de la verdad como nuestra amiga visible y compañera de todas la horas.

He dicho que la poesía (…) se origina en la emoción recordada en la tranquilidad: la emoción es contemplada hasta que, por una especie de reacción, la tranquilidad gradualmente desaparece, y una emoción, afín a la que antes fue el asunto contemplado, se produce gradualmente y existe realmente en la mente.

(…) el poeta se distingue fundamentalmente de otros hombres por una mayor presteza para pensar y sentir sin excitación externa inmediata, y un poder mayor para expresar los pensamientos y emociones que se producen en él de esa manera. Pero estas pasiones y pensamientos y emociones son los mismos de todos los hombres.

East Gate, Winchelsea, de J. M. W. Turner (1819) Fuente

Wordsworth medita sobre la condición de la poesía y el poeta, y se adelanta a la crítica que se hará a la emoción fácilmente espontánea e inmediata de cierto «romanticismo». Se adentra en el carácter místico de la poesía, que descubre la hondura del misterio en los incidentes simples de la Naturaleza y de las situaciones cotidianas, y le da prestancia a la prosa y al decir sin adornos. Privilegia la imaginación frente a la fantasía, que «nos es dada para excitar y seducir la parte temporal de nosotros mismos»; mientras que aquella es la más alta potestad para entrar en comunión con el mundo visible al revelar lo invisible en el universo. Al decir de Octavio Paz, la imaginación es «esa facultad que Wordsworth llama «alma de la naturaleza» para significar que es un poder transhumano».
Transcribo completo el poema «Si tú en verdad extraes tu luz del cielo»:

Dedham Mill, Essex, obra de John Constable (1820)Fuente

Si tú en verdad extraes tu luz del cielo,

entonces, a la medida de esa luz nacida de lo alto,
¡brilla, poeta! en tu lugar, y estate alegre:
las estrellas, preeminentes en magnitud,
y aquellas que desde el cénit arrojan sus rayos
(visibles aunque sea por la mitad de la tierra, aunque media esfera sea consciente de su brillo),
no tienen origen más divino,
ni esencia más pura, que la que arde,
como un fuego de vigía descuidado, en la cumbre
de alguna oscura montaña; o que aquellas que parecen
colgar humildemente, como parpadeantes lámparas de invierno,
entre las ramas de los árboles sin hojas,
todas son la imperecedera descendencia de un solo Señor:
así, a la medida de la luz otorgada,
¡brilla, poeta!, en tu lugar, y estate alegre.

John Keats: la «capacidad negativa»

John Keats, por William Hilton (1822) Fuente

John Keats (1795-1821) es incluido entre los más importantes poetas del romanticismo inglés, en la segunda generación de este, cercano a Lord Byron y Shelley. El poeta de la «Oda al ruiseñor», con la que es identificado («Pero tú no naciste para la muerte, ¡oh pájaro inmortal!»), fue un poeta de una obra intensa. Es curioso el texto de su epitafio: «Aquí yace uno cuyo nombre fue escrito en el agua». Y es que Keats no solo tuvo una vida breve (murió muy joven a causa de la tuberculosis), sino un pensamiento acerca de sí mismo y del arte marcadamente romántico, en el mejor sentido del adjetivo.
El pensamiento poético de Keats -expresado en sus poemas, pero también en otros textos, como sus cartas- reflexiona sobre lo transitorio y lo permanente de la vida, el sentido inherente de la tristeza, la enfermedad y la muerte.
Hay un aspecto de una insoslayable atención en el pensamiento de Keats, manifestado en una carta a sus hermanos de 1817: la denominada por él «capacidad negativa», aquella por la cual un hombre puede «hallarse en medio de incertidumbres, misterios, dudas, sin efectuar ningún irritable esfuerzo para alcanzar la realidad y la razón», pero ser capaz de arriesgarse a la prueba de la vida y experimentar su intensidad. Keats, en ardua agonía consigo mismo, puede vivir en medio de las oposiciones que constituyen su existencia, y las asume como parte de su experiencia del misterio, que es atención y compenetración.

John Martin – The Plains of Heaven (1851) Fuente

Un breve poema de Keats, para finalizar:

La poesía de la tierra nunca muere:
cuando todos los pájaros están desmayados por el calor del sol,
y escondidos en frescos árboles, una voz correrá
de seto en seto por los campos recién segados.
esta es la del saltamontes, toma la delantera
en el delicioso verano, y él nunca ha continuado
con este placer; pues cuando se siente cansado de la diversión
se tumba a descansar bajo alguna placentera hierba.

Referencias bibliográficas

Abrams, M.H. (1992). El Romanticismo: tradición y revolución. España: Visor.
Blake, William (1980). Poesía completa. Tomos I y II (Edición bilingüe). España: Libros Río Nuevo.
Cadenas, Rafael (1979). Realidad y literatura. Caracas: Equinoccio (USB).
Keats, John (1980). Poesía completa Tomo I (Edición bilingüe). España: Libros Río Nuevo.
Paz, Octavio (1985). Los hijos del limo. Colombia: Editorial La Oveja Negra.
Reul, Paul de (1982). William Wordsworth. España: Ediciones Júcar.
Wordsworth, W. y Coleridge, S. T. (1985). Baladas líricas. Caracas: Monte Ávila Editores.
Escrito por @josemalavem

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